miércoles, 17 de agosto de 2005

El triunfo del catolicismo por la eucaristía


I

El Cristo Sacramentado también es el Cristo Rey. El catolicismo español asoció ambas nociones con frecuencia. Valga como ejemplo el óleo “La Iglesia militante y la Iglesia triunfante”, de Asciclo Antonio Palomino de Castro y Velasco (1655-1726), que sirve de cabecera a este post (y que también fue llamado “El triunfo del catolicismo por la eucaristía”). En él puede apreciarse al papa que va montado sobre un carro triunfante mientras porta una hostia consagrada. Uno de los conductores del carro es una mujer vendada, tratándose sin duda de la fe. Al lado de la hostia consagrada, un dominico la observa arrobado mientras sostiene una pluma y un libro: se trata de Santo Tomás, el doctor angélico, que escribió el famoso himno eucarístico Pangue lingua. La Iglesia militante, montada en el carro, aplasta a unos entes como medusas que representan, sin duda, a los herejes (y los herejes protestantes en concreto). Por encima del carro se sitúa la Iglesia triunfante, los santos y las vírgenes, coronada por la Santísima Trinidad. La mirada de los montados en el carro está dirigida hacia la hostia consagrada, mientras que la mirada de los beatos se dirige sobre todo a la Santísima Trinidad: la Iglesia militante ve a Dios en la hostia consagrada mientras que la Iglesia Triunfante lo ve directamente.

II
Transcribiendo, como últimamente es mi costumbre, un villancico eucarístico del s. XVIII, me he encontrado con el siguiente de José Español. Es un villancico para la procesión del Corpus Christi, cuya letra dice así:

Estribillo

Al triunfo festivo
que en alegre pompa,
al rey de los cielos
que en cándida forma
de pan soberano
su ser hoy transforma,
los pechos más fieles
rendidos le forman.
Digan, digan, digan,
oigan, oigan, oigan,
aplaudan, celebren
las voces sonoras,
unidas las almas,
amantes, devotas,
al triunfo festivo
que en alegre pompa,
al Dios soberano
los fieles le forman.

Coplas

1.- Triunfante el rey soberano,
para ostentar su victoria
hoy se manifesta y sale
en público y en persona
2.- Como supremo camina
y sus veredas adornan
la tierra con sus riquezas
y el cielo con sus antorchas.
3.- Para hacer mayor su triunfo
y para aumentar su gloria,
puestos a sus pies los hombres
van junto a su real carroza.
4.- En señal de rendimiento
los sacerdotes se postran,
y delante de su trono
sacrifican sus coronas.
5.- El incienso de su afecto,
que como víctima logran,
como tributo le ofrecen
cuando a su deidad adoran.
6.- Este festivo aparato
que parece que le honra,
en su majestad no hace
un diseño de su gloria.

III
El villancico descansa en una doble analogía: a) la procesión del Corpus Christi se celebra a modo de los desfiles victoriosos de los reyes españoles (que, a su vez, están tomados de las entradas triunfales de Roma), b) estos desfiles triunfantes quieren recrear la majestad divina y su victoria sobre el mal.

IV
Cuando el pueblo soberano de la nación aclamaba a su rey victorioso, en este acto afirmaba su unidad ante el rey y frente a los enemigos derrotados. Lo mismo puede afirmarse en la procesión del Corpus Christi. Al vencer Cristo Sacramentado, mediante su efectiva presencia en el pan y vino consagrados, a los herejes, gentiles, moros, marranos y ateos (que todos ellos niegan su presencia en la Eucaristía), el pueblo creyente (la Iglesia militante) reafirma su unidad como “pueblo de Dios”. Esta analogía iría más allá en el caso del reino de España, puesto que los enemigos de Cristo eran fundamentalmente los mismos enemigos de España: protestantes, moros y paganos (americanos indígenas). España, con su lucha contra moros y protestantes, y al mismo tiempo con su conversión de paganos en las Américas, sería el realización más palpable de la Iglesia triunfante. Aún hoy en día se toca el himno nacional español en las procesiones católicas del Corpus.

V
Quisiera llamar la atención a la Copla primera del villancico: “Triunfante rey soberano, / para ostentar su victoria / hoy se manifiesta y sale / en público y en persona”. El culto a Dios es un culto predominantemente público. Aquí el catolicismo se aparta toto coelo del protestantismo. Éste defiende un culto sobre todo personal, que acontece dentro del recinto de la conciencia. Para el protestante, todo culto que no sea desde una individualidad interior finita (el creyente) a otra individualidad interior infinita (Dios) será idolatría a los objetos externos. En concreto, en el caso de la procesión del Corpus, los católicos idolatrarían objetos materiales tales como custodias, viriles y hostias (puesto que la Eucaristía, para muchos protestantes, sería meramente un “símbolo”, o como mucho la presencia real de Cristo duraría tan sólo lo que dure la ceremonia)

VI
Para el católico, Dios no reina tan sólo en las conciencias, sino sobre todos los estratos sociales, sobre los pueblos, sobre los reinos, sobre los herejes y paganos. Un dios que gobernase únicamente sobre las conciencias individuales interiores sería un pobre dios. Además, una conciencia meramente interior que no se expresase en actos externos, tales como andar en una procesión, o bien declarar la guerra al hereje que intenta destruir la Iglesia o convertir a los paganos destinados al infierno, es sencillamente una conciencia hipócrita o poco consecuente con el amor que dice tener a Dios.

Autor: Raúl Angulo Díaz