martes, 23 de agosto de 2005

¿Es un "fenómeno" la eucaristía?

I
Continuando con el tema de la "visión" de la Eucaristía, examinemos si la Eucaristía es o no un fenómeno. Puede ser interesante, ya que iluminará algunas cuestiones que hemos visto en anteriores post. Llegaremos a la conclusión de que la Eucaristía no es un fenómeno, y que el creyente "ve" a Cristo gracias a una teoría de la transubstanciación (que el pan y el vino se convierten en cuerpo y sangre de Cristo tras la consagración)

II
Existen, filosóficamente hablando, dos acepciones del término "fenómeno", una helena y otra germana. Según la acepción germana, que es la que al final se ha impuesto en el lenguaje académico de los profesores de filosofía, el fenómeno es lo que se presenta a la "conciencia", detrás del cual se esconde un "noúmeno" (o esencia) a la espera de ser descubierto. Según la acepción helena, los fenómenos son estados o procesos observables por varias personas (o por una persona varias veces), e identificables sobre un fondo de estados o procesos que se consideran ordinarios o prosaicos. El fenómeno sería, pues, un contenido del Mundo que se destacaría del resto por una cierta rareza o anomalía. Es esta acepción la que constatamos también en el español corriente, como cuando hablamos de "fenómenos de feria" o "eres un fenómeno". Y es esta acepción la que voy a utilizar al hablar del fenómeno de la Eucaristía.

III
Como el fenómeno ha de ser observado por varios testigos (o por uno mismo varias veces), podríamos llegar, precipitadamente, a la conclusión de que en él pesan más los contenidos objetivos que los componentes ideológicos o teóricos (místicos, científicos, mitológicos o filosóficos). Sin embargo, los fenómenos necesitan algún concepto para poder ser identificados y "recortados" de ese fondo ordinario o prosaico sobre el que destacan. Dicho con otras palabras, precisamos de algún contenido conceptual para identificar un fenómeno como tal. Así, por ejemplo, identificamos un rayo cuando lo comparamos con otros rayos anteriores y cuando lo diferenciamos de otros fenómenos del entorno, como pudieran ser fragmentos luminosos entre las nubes o columnas de fuego. Para hacer esto más claro, pongamos un ejemplo: el que posea el concepto de "Garnacha" podrá identificar esta variedad de uva entre una cesta llena de ellas, y diferenciarlas de la variedad "Tempranillo". El que no posea tal concepto, tan sólo verá una cesta repleta de uvas.

IV
Hay que distinguir los fenomenos "disociables" de sus envolturas teóricas y los fenómenos "indisociables" de sus envolturas teóricas. Un fenómeno disociable sería, por ejemplo, el de la tendencia de ciertas personas a vivir con otras y tener sexo con ellas. Este fenómeno puede explicarse desde una envoltura mitológica (las flechas tiradas por Cupido), desde una envoltura ideológica (las personas tienden a juntarse con sus "medias-naranjas"), o desde una envoltura pseudo-científica (las personas se juntan sexualmente con otras debido a la secreción de ciertas hormonas). Un fenómeno indisociable de su envoltura ideológica sería el de la puesta (y la salida) del sol. Este fenómeno es indisociable de un geocentrismo implícito (el sol da vueltas alrededor de la Tierra), y de una teoría que identifica el Sol que sale con el Sol que se puso el día anterior. Así pues, aunque todo fenómeno es inseparable de alguna envoltura ideológica, algunos fenómenos admiten envolturas teóricas alternativas y otros no admiten más que una (o un género de ellas)

V
El fenómeno, tal y como hemos visto, tiene algo de "portentoso" y de "milagroso". Sin embargo, no puede decirse que todo milagro sea un fenómeno. Para que el milagro sea fenómeno ha de poder ser observdo por varios sujetos (o por uno mismo varias veces). Éste sería, precisamente, el caso del milagro de la resurrección de Lázaro, narrado en la Biblia, con multitud de testigos, o el caso de la aparición de la Virgen de Fátima, vista por los tres pastores (y repetidas veces, además). Como ocurre con los fenómenos, existen milagros "disociables" y milagros "indisociables". Un milagro disociable sería el del oscurecimiento u ocultación del sol: dentro de una envoltura mitológica, puede ser visto como una advertencia de alguna divinidad; dentro de la envoltura de la ciencia astronómica, se trataría de que la luna se ha interpuesto entre el sol y la tierra. Milagros más indisociables serían los de las apariciones de santos y vírgenes, sobre todo cuando los contenidos cristianos fueran mayores. La aparición de la Virgen de Fátima podría convertirse en la aparición de la diosa virgen Atenea dentro de la envoltura de la mitología clásica griega. Sin embargo, muchos de los contenidos específicamente cristianos (y anti-comunistas, en este caso), desaparecerían con la envoltura. Milagros totalmente indisociables serían los relacionados con la visión de contenidos del dogma cristiano: como la visión de los bienaventurados que contemplan el Ser Supremo (esto es, la visión del cielo)

VI
La Eucaristía no puede clasificarse ni como milagro-fenómeno disociable o milagro-fenómeno indisociable, sencillamente porque no puede ser un fenómeno. El pan y el vino antes de la consagración son, en cuanto a lo observado, idénticos al pan y el vino después de la consagración. No puede apreciarse cambio observable entre ellos. Por eso no puede decirse que el milagro de la transubstanciación (la conversión del pan y el vino consagrados en la carne y la sangre de Cristo) sea un fenómeno, sino una teoría, como puede ser la "teoría de la transubstanciación" de Santo Tomás. Y fíjese que no estoy diciendo que sea un milagro-fenómeno indisociable de la teoría de la transubstanciaicón. No, puesto que no se trata de un fenómeno en absoluto. Tampoco discuto que el cristiano "vea" a Cristo en la Eucaristía. Sencillamente, y como señalábamos en el post dedicado al villancico de José Español, el cristiano "ve" a Cristo "por la fe", es decir, por la teoría: si ninguna teoría le dijera que tras la consagración el pan y el vino se convierten en la sangre y el cuerpo de Jesús, el cristiano no vería a Cristo. Es más, si el cristiano desconoce si el pan y el vino que se le presentan han sido o no consagrados, no puede decir que "ve" a Cristo; sencillamente, no lo sabe.

VII
Así se explica la dificultad de la representación de la eucaristía en la escultura y en la pintura. El milagro de la transubstanciación no cabe en un cuadro pintado, o en una escultura, porque no es sensible y no puede aparecer como fenómeno. Tan sólo habrá representaciones de pan y de vino. Los únicos recursos que le quedan al artista son externos: o bien rótulos literarios que indicasen que se trata dle cuerpo y la sangre de Cristo, o bien ciertos artificios tradicionales, como aureolas o rayos. Esto último puede apreciarse en el cuadro pintado por Goya, La comunión de San José de Calasanz (1819), donde la aureola del comulgante indica que hace algo sagrado.

Autor: Raúl Angulo Díaz